Crecer feliz
Mama a la ultima
4 / noviembre / 2012

Pequeñas mentiras con importancia

Desde que tuve a mi hijo me cuesta mucho mentir. Incluso esas mentiras de madre, las que tienen por objeto que se tome una medicina, calmar una rabieta o que se termine el desayuno antes de ir al cole. Y es difícil llegar al final del día sin soltar pequeñas mentiras que te facilitan la vida y las relaciones personales y laborales. Aclaro: tampoco me he vuelto loca y voy soltando lo que se me pasa por la cabeza. Sé distinguir la verdad del insulto y de la falta de educación y de tacto. Y sé cuáles son las diferencias entre la mentira y la imaginación y la fantasía. Solo digo que ahora me cuesta mentir. Por puro egoísmo. No quiero decepcionar a mi hijo y no quiero que me mienta. No deseo que calle sus tristezas ni eluda sus responsabilidades.

 

 

Para entender la mentira, está la literatura. Siempre me han fascinado los grandes mentirosos de ficción. Mi preferido es Gregorio Olías, el protagonista de Juegos de la edad tardía, de Luis Landero, pero también me encanta Tom Ripley. Aquellos que empezaron su carrera falsaria con una mentira banal y en torno a ella construyeron toda una vida. Esos que demuestran que mentir es cansado, complicado y que, como decía Sófocles, “una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”.

 

 

Mentir es falsear pero también ocultar. Mentir es no aceptar la realidad pero también querer imponer una realidad retorcida a los otros. Para mentir hace falta traicionar nuestra memoria y forzar la memoria de los demás. No existen mentiras piadosas o necesarias, leves o graves, solo existen mentiras ocultas y descubiertas.

 

 

Toda esta disquisición viene a cuento de Pinocho. Le he comprado a mi hijo El nuevo Pinocho, ilustrado por Antonio Saura. Pinocho es uno de esos cuentos infantiles crueles (de la crueldad en la literatura infantil clásica ya hablaremos otro día, acordaos de la pobre cerillera, una historia solo apta para psicópatas) que yo nunca llegué a leer.

 

 

Ahora voy a hacerlo junto a mi hijo porque es el cuento que elegió él en nuestra última visita a ese paraíso para amantes de los libros que es La Central. “Érase una vez un tronco de madera. Un leño muy corriente, que un buen día encontró un maestro carpintero en su taller”. Así empieza el clásico de Carlo Collodi con el que voy a intentar contarle a mi hijo qué significa mentir. Y que hay que ser muy valientes para aceptar la verdad sobre nosotros mismos.

 

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6 Comentarios

  • 1. Irama  |  5 de noviembre del 2012 a las 10:48 am

    Hola,

    Nos encantaría mandarte unos regalitos para tu hijo y que conozcas un producto nuevo: http://www.pekebox.com

    Donde te lo podemos enviar?
    Mi mail: irama78@hotmail.com

    Os va a encantar.

    Un saludo,

  • 2. Mariana | como no ser esteril  |  6 de noviembre del 2012 a las 14:39 pm

    Yo lo que hago a mi bebe es mentirle sobre lo que pasaría si no se toma sus medicinas, yo se que es malo por que no hay mentiras buenas ni malas, así que no se que hacer. Creo que soy un pinocho jeje.

    ———————————————
    Mariana | como no ser esteril

  • 3. Sandra Muñoz  |  8 de noviembre del 2012 a las 19:51 pm

    Me ha atrapado este post. Espero con ganas el de los cuentos clásicos,

  • 4. Raquel  |  8 de noviembre del 2012 a las 21:27 pm

    Sandra! Espero que la literatura acompañe siempre a nuestros retoños. Y espero muchos momentos contigo

  • 5. Teresa  |  9 de noviembre del 2012 a las 10:13 am

    A mi hija mayor le encantan los libros, tiene 7 años, y una de sus visitas favoritas es la librería. Devora libros, por lo que ha contagiado esta afición a mi otra hija de dos años. Me encanta verlas entretenidas con libros, que como éste de Pinocho son auténticas joyas.
    Hay que inculcarles aficiones tan sanas como ésta que además siempre podemos compartir.

  • 6. Cunas y Practicunas  |  17 de noviembre del 2012 a las 19:36 pm

    Creo que es importante mediar la importancia de la mentiras!!! No sabemos cuando uno es pequeño, que grado de influencia! Mi madre cuando eramos pequeñas nos solia decir que “no torzamos los ojos, porque nos podemos quedar vizcas” jajaja…. y todavia hoy se lo repito a mis nenes! besos!

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