Crecer feliz
Mama a la ultima

Archivo de Enero, 2015

18 / Enero / 2015

Una semana perfecta

Esta semana nunca ha existido. Solo en mi imaginación.

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Imagen de Fan Ho

Lunes

Llego a trabajar contenta porque aún me quedan cápsulas de café y porque he podido llevar a mi hijo al colegio a paso normal, de personas, y no a todo correr porque nos hemos quedado dormidos como ceporros frioleros. El trabajo fluye entre reuniones y cafés y buscar cosas y escribir un poco. Como con una amiga y me río y tenemos una buena idea para una cosa que queremos hacer juntas desde hace tiempo. Por la noche veo una peli mientras mi hijo se queda dormido en mis brazos, porque los lunes hay que tocarse más y él es más bebé al principio de la semana.

Martes

El tren llega puntual y está casi vacío, y no se me ha olvidado el libro ni el cepillo de dientes en casa, y me he pintado los labios aunque no entiendo por qué hay gente a las que el rouge les dura todo el día como un tatuaje. En mi vagón viaja gente leyendo y gente que le sonríe a sus pensamientos, y a los pensamientos ajenos. Hay un chico de esos que me gustan, grande, moreno, con mucho pelo, que huele bien. Esta leyendo un libro que apunto mentalmente. El día transcurre lento y precioso.

Miércoles

Consigo no pasar ni frío ni calor en el trabajo, leo una cosa que me hace pensar y la comparto y charlo un rato de algo que casi es importante. Entrevisto a alguien al que admiro y noto que le caigo bien y la conversación se prolonga más allá de las preguntas y respuestas preparadas. Mi hijo me trae un regalo del colegio, un dibujo de una nube azul en un cielo blanco bajo la que nos cobijamos los dos juntos, muy guapos. Sueño con un amigo al que echo de menos y la trama es muy graciosa y me despierto pronto gracias a mi propia risa.

Jueves

Salgo un poco antes de trabajar y me voy a una librería y me compro dos libros y un cuento de hadas y luego me voy de cañas. El bar es cálido y la gente es cálida y me tomo unas cañitas bien tiradas. Paseo hasta casa sola sintiendo frío en la cara. Empiezo a escribir algo que le he prometido a alguien que vive en el fondo del mar. Me sigue gustando al día siguiente, cuando vuelvo a leerlo, tomando un café delicioso.

Viernes

Voy a buscar a mi hijo al colegio, me escondo de las otras madres porque he reservado para los dos en un japonés en el que nos adoran. Pedimos tallarines y langostinos y unagi y yo me como la anguila y él el arroz. Caminamos hasta su tienda de cochecitos preferida, y compramos un coche que cabe en la palma de su mano, y vamos al Retiro y nos hacemos fotos. Por la noche leemos un cuento y otro y otro y otro y al final nos contamos otro más con la boca, inventado.

Sábado

Desayuno tostadas y aún tengo café y queda leche y mantequilla y la cocina está limpia y todo huele muy bien. Leo el periódico y voy al mercado a comprar cosas ricas y cocino para toda la familia. Alguien me ha traído margaritas blancas y pomelos. Encuentro un vestido precioso que me sienta genial y me cuesta poquísimo y reservo un viaje para dentro de un mes, en un sitio junto al mar, al norte, en el norte. Voy al cine sola y aunque nadie me coge de la mano, me siento bien.

Domingo

Voy al Botánico con mi hijo y hacemos el mismo recorrido de siempre, ente olivos y bonsáis y cactus y plantas carnívoras. No me he llevado trabajo a casa y leo y leo y leo un libro que vi el otro día a un chico muy guapo en el tren. Un libro maravilloso. Al chico quizá vuelva a encontrarlo, en otro tren, en otra semana perfecta.

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1 comentario

2 / Enero / 2015

Hola 2015

Se acabó 2014, que ha sido un año en el que he perdido muchas cosas: las gafas, el móvil, la cartera, la cazadora, el bolso… No aprendí a cocinar nada que mi hijo quiera llevarse en un tupper cuando se independice, escribí sobre muchas cosas que no me importaban echando mano de oficio y sobre otras que sí, y disfruté, aunque no tanto como antes. Leí mucho, y me identifiqué con la madre muerta de El jilguero, de Donna Tartt y después con la niña que crece de La Niña y el Mar, de Ernesto Filardi. Me compré todos los libros de Pynchon pero solo leí algunos, porque es uno de mis escritores favoritos pero soy perezosa. Vi crecer a mi hijo, que en 2014 inició el aprendizaje de la lectura y la escritura. Le di muchos besos y abrazos, cientos de miles, compartimos muchos cuentos e hicimos las torres más altas de Europa.   10818087_1537088719862994_1449572146_n

Viaje poquísmo (a Barcelona, Vitoria, Mundaka, Cuenca), el peor año de mi vida, y no monté en ningún avión, algo que no ocurría desde 1998. Por eso no me di cuenta de que tenía el DNI caducado desde enero, por eso y porque soy un desastre. Aún no lo he renovado, pero lo voy a hacer porque este año quiero volver a volar. Aún así, recorrí miles de kilómetros entre el centro de Madrid y El Polígono en el que me gano el sustento. Fui (casi) todas las semanas al Jardín Botánico y me sentí en el Museo Thyssen como en mi casa. En 2014 bebí litros de vino blanco, comí como un cochino jabalí, me eché en la cara decenas de muestras variadas, me corté el pelo, dejé de comprarme ropa. Hice nuevos amigos, en concreto tres, y pasé mucho tiempo con una grandísima amiga sin la cual no hubiera podido sobrevivir.

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En 2014 perdí a un amigo. El amigo con el que bailé y hablé hasta el amanecer durante años. Me destrozó el corazón. Pero me viene a veces a visitar en sueños, hecho un pincel, reguapo, todo swing. Te llevo conmigo y, ya sabes, olé lo bonito.

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Hola 2015, solo te pido que no muera nadie.

 

(Las fotos de este post son de María de Miguel, que en 2014 me regaló una foto de su hija para este blog. Visitad su web y la de su estudio, Antártica)

 

 

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2 Comentarios

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